Si me buscas en línea,
corazón en mano,
en blanco el papel y mudo
en palabras,
que sepas, sin duda, del
tizón de sueños
que se aviva en el alma como resto
consunto de hoguera, como
un desapego,
en silencio, muy lleno de
nada.
Y después de tiempo
esquivando la sombra
contra mi desmemoria y tus
fantasías,
alargo el recuerdo con
aquellos versos
que te hacían oscura como amapola:
“Alga quisiera ser,
alga enredada
en lo más suave de tu
pantorrilla” ...
Y mientras me hacías
silencio, un rubor
dejaba entrever síntomas
del deseo
“cuando corres
desnuda hacia la orilla”.