domingo, 11 de octubre de 2026

 
Antología
 
Como asido en el aire, la angustia del tiempo que se deslíe
entre los dedos,  imposible para nada. Y entonces
un vuelta a empezar en la memoria con los nombres
y los libros y los recuerdos con versos,  marcas
indelebles en las páginas del alma; un sendero
trillado, nunca una desmemoria, abre paso a la angustia
de Rubén por no "saber a dónde vamos ni de donde
venimos". Con Francisca, solo, aquel regalo incrustado
en un disoluto vivir. Como un polvo enamorado del
Quevedo con su pesimismo colgado de los muros
de la patria mía que se repite en los tiempos
bárbaros que nos toca vivir, un desamparo
presente sin caminos que soñar en un futuro
cerrado como un silencio español, el de Paula
Melchor quien "con la boca del estómago
aprendí a hablar en un cuerpo arrugado
que busca en el fondo de otro cuerpo: un
vacío  camino de una soledad, sin nombres
que apelar: a solas, sin testigo,
libre de amor, de celo,
de odio, de esperanzas, de recelo.

 

Igual que Blas de Otero,

"Volada para siempre de mi rosa
-madeimoselle Isabel- y de mi cielo."

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