La finca "España"
En el año treinta y seis,
siempre parca en la palabra,
que buscaban por violencia
a sangre y fuego, sin duda,
sin importar cuántos caigan,
Y estaban todos de acuerdo
pues era lo que buscaban.
como un erial, devastada.
con más barriga que panza
lo que a España le esperaba
de la Junta, a Dios gracias;
¡ay! mesándose las barbas,
sin decir lo que pensaban.
con la sangre en las palabras.
Y los otros, en silencio,
que hablaban ya de intenciones
hay que poner a los rojos
cara al sol, frente al mañana.
con el Gomá y los milicos,
el terror, ay, que negaba
según los cánones propios
impuestos, ay, por las armas.
que mentía más que habla,
que se compraban por nada.
con los ojos en la espalda
El odio de aquel Franquito
era un aire en las ventanas
con un poder que asustaba
pues firmaba las sentencias
que el resto de la manada
para el hambre que asolaba
con miseria y con harapos
y con frío, las entrañas.
Y si aquello ya era poco,
bajo palio, en procesión,
predicando sus "hazañas".
hicieron más que pensaron
y eran los Grandes de España
con abrir la boca, basta.
Un hospital para el yerno
y para la nieta del alma,
un rey vestido de espadas.
que aquellos ayuntamientos
como reina allí entronada.
de ministros y de ujieres
que los turna por las faldas,
que con Churchill, paladín,
le hacen un traje de pana
al Franquito y su gobierno
de penurias y de lágrimas
cuando se muera en la cama
quien a la chita callando
el Franquito, muy gallego,
sin nudos en la garganta,
sin curas cual trabucaires
y sin miedos que nos atan
En las calles, sin correas,
el pueblo humilde se hace
con las riendas tan soñadas
Que se expande como un aire
limpio de odio y de rabias
a los pueblos más pequeños
con la memoria muy larga,
como se incrusta el veneno
en los rincones del alma.
con el Suarez y su banda,
sin luz, sin paz y sin agua.
y si el tren pita si anda,
tal como hacemos nosotros
Con el Borbón en Zarzuela
muy intimo él del Armada,
si este Borbón no lo para;
que tiene el mando en la plaza,
por el miedo y con el ansia
si de nuevo hablan las armas
de cuatro zafios, Zancada,
que añoran como ignorantes
el cuartel de la Montaña.
Por fin, parece que asienta
como el viento en la espadaña
en manos de cuatro carcas.
que mala suerte no falta,
de que ahora son políticos
los que nos sacan las canas
que hicieron de este país
en llenar de oro sus arcas:
que son como los pollinos
que llevamos a la espalda
como aquel cuadro de Goya
de actualidad, por desgracia:
la otra historia, en silencio,
de la que ya nadie habla,
es la historia de ladrones
que se burlan, ay, de España,
prisionera entre barrotes
cual pajarillo enjaulada.
cuando los ojos les sangran:
postraros, ay, de rodillas,
Decid conmigo, en silencio,
triste, espaciosa España...