miércoles, 14 de junio de 2017

Lo que no sea cultura, sensibilidad y razón con corazón, es escritura en el agua únicamente con los ojos del tacto.




Analfabeta


Analfabeta  del amor, de los nombres de tu cuerpo
ya nadie  recuerda ni  se acuerda. Y opacos
tus sentidos, no son espejo ni figura.
De ninguno  queda huella ni rastro del montón
de palabras que me costó entrar en la pirámide
de tu corazón: roca de papel sin reciclar,
fue aquello un viaje sin tinta, paisaje
sin figuras con manos de metal para su escritura.

Todo lo más, bendita, si algo de valor, para tí,
la muesca del recuerdo con el nombre
en la culata de una sonrisa, cual revolver
arrumbado en el desván de la memoria.
Herrumbroso y desvencijado, en falta
la identidad de unos dedos, serás nada
de nunca y menos del mañana. Y si no
lo sabes,  cielín, das pena: más vale que cambies
cada esquina de tu cuerpo por un kilo de ternura.

jueves, 8 de junio de 2017

ROSARIO toponímico: donde los pasos perdidos son siempre recuerdo y memoria. Circumdedisti me

El chugarín de Reconcos
y el pueblín de La Mairá,
sin olvidar La Culquera,
La Muela y el Venceyal,
Muñón, La Ilesia, El Trechuru,
pa les fiestes de San Xuan,
tienen a bien invitalos
a que vengan a folgar,
a yantar y a divertise
sin pensar en pizca más.

Les mocines de la tierra
son de mejor calidá
que les perles rebuscaes
en los fondos de la mar;
curioses, fresques, lozanes,
saben tan bien platicar
qu´encandilen a los homes
como la sierpe al raitán:
los probes, sin enterase,
dicen que sí nel altar
cual si hechizaos quedaren
pa toa la eternidá.

Nun hablemos de la sidra
ni del chorizu y jamón;
por golelo y saborialo
clamen munchos de por Dios.
 Tanta pena da acabalo
que como dixo Platón:

 - Si hay algún disgraciéu
qu´en isti mundo traidor
muerra sin probar la sidra
que se fabrica en Muñón,
piense, sin equivocase,
que nun tien ningún valor
la vida que agora dexa
y qu´entrega al Criador.

Recordarailo San Pedro
al pasalu ante Dios:
- Sólo aquí te quedarás
si tras sidra de Muñón.

martes, 6 de junio de 2017

Hace unos días, Mael, el fíu de Manolin y Consuelo, de limpieza en la casa de los padres por fallecimiento, sacó a la vía pública,  en La Mairá, los cebatos que ficieron payar durante más de 60 años en la cuadra que está pared con pared con la casa. Preguntado por ellos, me dice que los quieren algunos vecinos para encender la cocina. Sin embargo, unos ojos oportunos los visten de arte y los reclama para dar gusto a su imaginación con una escultura. En consecuencia, les hago una revisión y compruebo su estado para  rescatarlos contra el olvido y la ignorancia. Y si  merecen la consideración de pieza de arte, pese a la polilla que la carcome,  con sumo cuidado los recojo y transporto y los preparo para que la artista construya con ellos la imagen de aquellas familias que eran familia para sobrevivir: el poder del arte y el valor de la artista para rescatar a la sociedad rural del olvido que será muy pronto, cerca de mañana. Aquella sociedad herida por  la fame como mordedura en la carne, y el hambre, como puñal atávico clavado en su corazón.  
- Aunque, para decir la verdad, todo quedó el humo de paja. Hasta el nombre de la que se pinta como artista.           


Cebatos                                               


¡Ya no!Sí  entonces, cuando el hambre y sus miedos trenzaban,
con lluvias y vientos,  el aliento de vida que succiona
el alma de los sentimientos: contra tanta miseria y por la
dignidad de tanto  silencio y por  respirar para sobrevivir
en el día contra el cielo y sus avatares: el espejo
de la esperanza. Sin edad, sí,   eran manos y palabras
por  la sabiduría ancestral. Eran cuerpos  por el deseo
y las ansias de vivir de alegrías y sueños en paz irritados
por la intemperancia del hambre y por  la muerte del amor.
Es lo que son desde siempre hasta esta memoria: cuenco
donde maceran y amansan las fieras que nacen en el nial del cuco.  

Contra aquel  apetito  de lunas y noches y vuelos  sin número,
contra tantas muecas que visten vírgenes de soledad y abandono,
en aquel entonces todos los dedos, en la casa del padre,
tejían los lechos donde   moría el tiempo. Son los cebatos,
los hijos del cibum, donde  el pan milenario dormía
en brazos de una esperanza, y era el camino que abría,
contra la nada,  el ingente esfuerzo de todos: la fame
abrochaba los corazones  en  familia y hacía de las manos
con los ablanos, pirámides donde la destrucción o el amor
amasaban el ansia de eternidad con hambre atávica
que ahogaba las ansias de vivir en las suelas del corazón.

sábado, 3 de junio de 2017

Miro hacia atrás y sólo encuentro un lejano y doloroso olor a brezo, piensa mientras sueña sentado a la puerta de casa, con los nietos en las rodillas. 

Contra el paternalismo rural.


Se publica tanto y tan bueno que con cuatro libros y tres versos se hace  una radiografía del ámbito rural lenense o  asturiano porque ambos a dos están en igualdad de condiciones. Los dos tienen las mismas características: una sangría demográfica imparable, una falta de proyectos  absoluta, y un paternalismo feroz que convierte a sus habitantes más o menos en tontos de capirote. El ámbito rural, que tendría que ser el mimo de la sociedad asturiana, la niña de sus ojos, es un ejemplo claro de la  falta de ideas por falta de interés por su futuro; aquí todos están a verlas pasar sin verlas venir. ¡Y si por lo menos leyeran! En títulos como Palabras mayores de E. Gancedo o Alabanza de aldea de A. Martinez encontramos la medida del presente de nuestras aldeas que siguen  atrapadas en un pasado primitivo como escribe G. Sand, pese a tantos tractores y  máquinas de segar por habitante que las transitan. Y porque todo se resume en estos dos versículos del libro La lentitud de los bueyes que dicen Yo vengo de una raza de pastores que perdió su libertad cuando perdió sus ganados y sus pastos, del poemario donde  Llamazares describe un  corazón transido por la pérdida de lo que fue la vida de antaño. Aquella que  resumía en tres verbos  la vida del paisano : dar<>recibir<>dar. Y que siempre fue así entre vecinos que nacían, crecían, se casaban y morían en la misma casa de la aldea. Ya  no lo es .  Pero  como no somos émulos del profeta Jeremías, escribiremos al dereches  como me diría Manolín el de Cilia cuando, sentados en Peral, siempre veía una esperanza contra  tantas derrotas. Sabía de las múltiples posibilidades que había en  el ámbito que le rodeaba mientras su mirada barría la falda del Aramo donde tantas y tantas leyendas se alimentan con las calizas  que tantos y tantos secretos guardan en sus entrañas. Manolín sabía que el futuro de estas tierras nunca llegaría desde abajo, desde los paisanos que cruzaban los senderos de Los Chamargones. El futuro , decía Manolín, farase presente cuando se rompa el tamiz que esconde nuestra verdad a los ojos de los de la Pola o los de Oviedo,  que están más lejos.   Y cuando ese tamiz desparezca,  el paternalismo que tiñe sus miradas ya no será un obstáculo para que entiendan nuestra realidad. Se darán cuenta de que en principio lo más importante es la autoestima y después la investigación y después las ideas y después los proyectos y después los técnicos qué trabajarán codo con codo con los paisanos de entonces, quienes sean. Todos ellos,  decía Manolín, serán quienes pongan en valor la madera de nuestros montes de castaño, las posibilidades de nuestros cordales, la aguas de nuestros regueros. Algún día alguien escribirá  que nuestros bosques, tan abandonados por considerarlos sin valor alguno, son una biblioteca cuyos  contenidos habrá que buscar como tesoros ocultos en el arcano.   También habrá alguien  que pregunte por los arbeyos de Yanos de Someron y su exquisito sabor y los coloque en el mercado como patrimonio lenense único. De aquella feria de ganado en  Jomezana, alguien se preguntará por el principio y el final de la misma, como pasa con todo lo que funciona en este pais. Y así sucesivamente. Hasta que llegue el día en que los tres valles y el cuarto que conforman nuestro concejo, tengan la base para una autoestima basada en lo que no sea rutina y decadencia. Ese día llegará y entonces los pueblos tendrán un perfecto equilibrio entre producir y conservar; entonces  también los pueblos tendrán su mañana. El paternalismo no será   la niebla que desdibuja  nuestras  formas de vida llena de esperanza y convencimiento.       

miércoles, 31 de mayo de 2017

Homenaje a Blas de Otero sin síndromes religiosos ni tantálicos. 
HAMBRE de mujer

 Hambre de mujer,  como alambique, ni el fuego ni la palabra
 aplacan el apetito por la forma o el color del ámbito
que te hace habitante del olvido o  síndrome de la nada.

Desvencijado por el ansia que la pobreza acumula entre hojarasca
y silencio, apenas un hálito nos hace esclavos por una vida
desalmada y cruel, la soga al cuello por propia condición.


¡ Cuánta felicidad!


Hambre de mujer, en picadillo con su soledad, es minucia
contra el dolor y  contra la sed,  como simple mica de sal.
Y tras el tacto insomne,  locura del deseo y mudo
en  sus arrebatos,  cuán larga en su pestañeo la memoria
 y los destrozos  de un simple mendrugo de pan:

nunca  peor  la promesa  que viste en kilómetros
los ojos  con las miradas ;  y tantas lágrimas  de amor, huecas,
son el arco con dudas  en el horizonte, sin objetivos,
con   formas de  sombras vacías de nombres
escritos en el cendal de la niebla, como algo siempre sin alma.

¡Hambre de mujer!

Y por eso las texturas que te hacen crucigramas
 con  pasiones y de   promesas , en el tiempo
son destrozos, cual semillas, que el sueño avienta
 sin orden, como norma y sin mudanza.   

¡ Y cuánta felicidad!

sábado, 27 de mayo de 2017

Como en la vida de las personas, lo que aflora a la superficie es un efecto muy simple de todos los mundos infinitos que habitan tanto el alma del hombre como
los silencios de la tierra. Tal el color verde, sin más.  



El verde y los ojos de las nubes.
                          Muchos días me engarza al paisaje
                  la luz como un anillo a una esmeralda.
                                                             R.Alberti.
Todas en común, lloran tu nombre  porque todas en común
saben de los silencios imprescindibles para  los tonos  de tu ensoñación.
Todas en común hacen, con el viento y las palabras,  
lágrimas que serán  cosecha  cuando el silencio ponga en cada
árbol, su hijo, tantos pespuntes de primavera
como la madre ardiente en deseos con el niño
recién parido; la madre, contra el tiempo   o indiferente
al ámbito y su condición,  es   rueca de incontrolables hilvanes,
como las nubes y en común, el alma de un qué será
único e incontestable,  cientos y miles, millones, tantos
como lágrimas en verde, en los caballitos de la brisa del amor.

Como  el  mar y un dislocado  amarillo, saltarín y en soledad,
asoma el deseo y busca un azulón  para el verde sumergido en las aguas del tiempo,
ajeno al recuerdo y lejos del olvido: ese imperceptible manto
que hace de la vista  la alegría  del vivir. Esa imagen del día
que arroba mis sentidos y recuerda tan profundas diferencias
 cual  tentáculo  del amor. Sean fresnos, robles o castaños,
mis álamos y su invisible y temblón abrazo, tan esperado,
todos hacen del verde y las nubes  imágenes de vida, sus ojos y
las  estampas de agua que hacen de los nombres  anclas y las  manos del mar,
a las espaldas, a pecho abierto hasta el polvo enamorado.  

miércoles, 24 de mayo de 2017

Homenaje y silencio contra tanto barbarismo barbitúrico  de guante blanco.














África,  mil espacios sin tiempo.  Luci y  mil palabras en el silencio de los sentidos como todas las madres en el origen de la vida. Risa exuberante  en la mujer, es el desierto ciego en los deseos de los hombres,  la petulancia del vivir.