sábado, 6 de agosto de 2016





Cantiga de amigo.

                       Furia color de amor
                       amor color de olvido


Se de muy buena tinta                                         
Que te rompió el corazón
Cuando pasabas el río
Caminito del amor.

Dulce amiga y compañera,
Niña de negros cabellos,
Con   fuentes que siempre manan                           
Colores entre tus dedos,

Siempre tendremos caminos
Y puentes para deseos
Y nidos con muchas aves
Que nos entregan sus vuelos:

Águilas  para tus cuadros,
Para tus ojos cuquiellos.
Para mis manos raitanes
Y para el luto, los cuervos:

Son aquellos que nos dicen
Que la vida es un infierno,
Cuando seguros estamos
De que  el arte con sus truenos
Es barco con  muchas velas,
-Y con solo dos remeros-
Que Busca siempre destinos
Que le marcan nuestros sueños.

Se de muy buena tinta
Que te rompió el corazón
Cuando pasabas el río
Caminito del amor.

jueves, 4 de agosto de 2016



 Un viejo amuleto para una vida de magia. 




 NARVÁEZ




Hubo un tiempo y un libro; y hubo un nombre y un mito; imprecisa la memoria, en busca de las palabras que ayuden para el  recuerdo, tu nombre,  en la portada de un libro, con vivos colores y  el autor - Don Benito-, es tea que te desdibuja, sin historia,  en mi vida; del todo ajeno a los múltiples  órdagos de tu periplo vital, fuiste amuleto, sin embargo, en los trasiegos todos que mis pasos  marcaron. En el principio, eras el libro, inasible a la inteligencia;  eras la devoción por la fantasía que abría la puerta contra las miserias de la incomprensión: por supervivencia, sin saberlo,  suponía que más allá de las durezas de las manos con hambre y sin sentimientos, había hálitos de vida que serían siempre una liberación. Adolescente impuro, cual fetiche, Narváez,  cuánta esperanza en tu arcano nunca desvelado, nunca holladas tus páginas por mis dedos encadenados a un sino más bien marcado. Fuiste conmigo hacia luz y  hacia la vida, en silencio y sólo presencia permanente. Una caja de música con el sonido del tiempo.

Y como entonces, en el 65 de mil novecientos, llegamos juntos al 16 del año dos mil, con menos brillo en tus hojas y el mismo de siempre en mis ojos: de un 23 de agosto a un final de julio, 50 años después.  Y para ser otra vez talismán, un vuelo breve y todas las semillas ocultas en tus entresijos, serán aroma y perfume del recuerdo que mañana anidará en otro corazón.

Sin olvidar al tío Nicasio para dar veracidad a mi historia. El  me confiaba  cuando la envidia corroía las palabras de quienes decían amor que era pedradas; sin embargo, para mi alma asustada  era el  afecto y el apoyo con las caricias,  y la moneda que me dio el libro,  Narváez. Para el imaginario de entonces que es un presente con historia, el  hombre y un mito: el tío Nicasio, disuelto en la niebla, afectiva ausencia.  

miércoles, 3 de agosto de 2016

También es bueno saber lo que  hay de verdad en la otra cara de la moneda. 





En el tanatorio


Aquí es la vida. Salvo las flores, que adolecen  de plástico
y de necrofilia, hasta la envidia tiene su hueco en  este desfile
de pantalón y chaqueta  simulados. Ósculos  teñidos
de colores y disentería  marcan los ritmos de las traiciones
y la hipocresía, las miradas no existen y todos los caminos
son lagrimones que riegan el silencio. Las manos son
las tenazas del dolor, y los clavos en rojo  del recuerdo
sujetan el odio con la palabra entre dientes y sus imperceptibles
sonidos de grajos en celo de mezquindad. La distancia es
avaricia que  muere según su peso en oro y sangre
en los cristales  por  la inquina de la sospecha, alma
sin fundamento y de corazón pétreo, ardua y difícil.
Con el hábito de la compasión, transitamos y  hacemos
vida con el disfraz del consuelo y la condolencia
para reciclar los  detritus que saltan de los poros
al circo y la simulación cuando sabemos que fue otro
quien alimenta la inmortalidad sin nombre
que espera en frío  para ser mortal y rosa y mañana.
 En el tanatorio, el sueño  es tránsito retenido, una pausa
y la seguridad de volver para empezar un  poema  lleno

de tiempo y los doscientos fonemas de una sonrisa.  
Confesonario.

La limpieza del alma sólo es posible cuando se hace con las palabras, y se ponen las justas y las necesarias, sin disfraces. Un ejemplo de esa cobardía social es la mistificación de la aldea.


LA  ALDEA
                                           Un lugar atrapado en un pasado primitivo
                                                                                                                G.Sand sobre Mallorca


Al  despertar,  la niebla envuelve los pensamientos del amanecer.
Los hace húmedos y desvaídos, cual pulpa de limón sin zumo,
para el desecho, mientras las pegas y sus  conmilitones son milicia
organizada en chopos y acacias o fresnos, en batalla permanente
y con la música monocorde de siempre, marcial y rutinaria.   

Son preámbulos o  los cornetines cual piquetas que disipan
las sombras que hicieron el silencio o las iras,  por  las sospechas
de quienes aúllan por la presencia de los siete pecados
capitales. Son ellos quienes visten, de rutina, las almas de la vecindad
con los trajes a  medida para su corazón. Sin embargo,   por la envidia,  
ninguno, por caridad, lleva el chaleco de la tolerancia; por el contrario,
a la hora de almorzar, los silabeos cortan en la lujuria del pan
todo el rencor que asfixia la limpieza de las miradas. Allí, todo
tranquilidad, ni la brisa orea las ventanas de la paz. Es todo Fargo
por la miseria y el vicio de amontonar;  y en cada esquina, una mota
de sospecha para la  sanguijuela que llevamos dentro y vive
de las palabras que roban a las vecinas las vocales de su niñez.

Inexorablemente y desde siempre, la quietud ahoga la
fantasía, la poca y triste capacidad de ver con el periscopio
mundos de azul y regueros de libertad: no existe. Tampoco la necesitan.
Esclavos del mediodía, su afán es el esfuerzo ingente y los sudores
que el hambre encama en los pliegues de su amor. Y únicamente
la tierra es consuelo porque retiene el tiempo como una maldición.
Aunque se repitan nombres que son  túmulos de papel, herencias y
ansias de toponimia donde  larga  vida tenga  el sudor.     

martes, 2 de agosto de 2016

Limpiaba en Oxford y escribía, a escondidas, en ruso ; sus textos, en el idioma original, los  dejaba en el tablón de anuncios más próximo que encontraba.Esta licencia que se permite como trabajadora le produce una profunda e intima satisfacción.  Se llama Nadia y me manda- no me lo explico- este poema. 




Mientras lloras, siempre te escribo.



Toda la tinta que tienen las letras de tu nombre me la chupan las arañas y las dejan vacías y sin aliento: tu.   Tampoco  puedo garabatear mientras te pienso  cuando sales de  correría. Y aunque andes por el cielo, colgada de las estrellas, con tus  ojos de palabras y huyendo por los temblores del miedo,  sin duda renqueas porque las víboras,  sí,  muerden  tu corazón.   

domingo, 31 de julio de 2016






Caminar por las rutas que llevan a los posos del alma es buscar una luz que ponga palabras a la  realidad que hace de nosotros un carácter y un destino, un nombre. Por algo sabemos que la literatura es el laboratorio de la vida donde las experiencias son  las marcas que hacen de los sentimientos los mil versos que necesitamos para enderezar la singladura del vivir, sin Caronte como barquero del amor. 




TORNADO
            
                                 Y no son ... los versos más tristes esta noche.

Son las  huidas que arrebujan tu corazón las que llevan tu nombre y en las letras,
la sangre de un tornado,  esa fuerza telúrica, hija de los miedos,
mucho más fuerte que la ira  del viento o sus locuras. Secuelas
suyas son la muerte de los tejados que protegen las almas desvencijadas
o los campos arrasados por el berbiquí suyo que hace un remolino
en lo íntimo del  pensar y en los pozos de tu  sentir.

Tornados o remolinos, ambos son finitud cuando llegan a la paz;
y como la tuya, su desnortada carrera será, en rotación, otra fuerza
oculta, inesperada, llena de batallas entre contrarios con restos
de sangre y lágrimas y nombres sin número que hacen tu colección.

Y como tú, tornados o remolinos  vuelven y retornan 
al agua, al fuego o al amor, avistados por las manos
del cínico  cazador que hará licor con tu sangre
y tus apellidos, cual arquero sin compasión. Serás
presa simulada sobre ascuas  blancas del fuego,
y su máscara,  que es el padre del frío y enemigo del calor.

Volverás, claro, y  serás su bella digitalizada. Repetirás
silencios y ansias de predador. Y serás la montaña rusa
 y los vértigos de quien  lea, en tus silencios, un afán de vida
o  irracionales búsquedas  de la brisa apacible que limpie
y   surque los oscuros  meandros de tu alma. 

miércoles, 27 de julio de 2016

Todos los sustantivos en común y propios son siempre esencia inalterable, con las mismas características pese a que la vida es la fuerza de las fuerzas del remolino, interior, que sale a la superficie en la sangre del alma, las palabras. Y con ellas, la más importante para vivir, el sustantivo, propio o común o común y propio.  




Remolinos y nebulosas.
     La muerte … es la acumulación de siglos que nunca se olvidan.V. Aleixandre

Qué suerte de la palabra y su nombre, sin ápice de duda o segmento,
el sustantivo. Pepita indomable o insondable silencio, es suma, cuando habla,
de siempre  y lo mismo para siempre, igual: ni con el  fuego de las ventiscas
se alteran las cenizas  cuando arde el corazón. ¡Claro!  En el remolino, por  uno, somos
todos con  el amor: supervivientes  del tacto y del deseo, estamos
sujetos al acerbo de la pasión, la nebulosa donde vivie mi nombre
con las letras de tus sonidos, escurridizas y  sibilinas  o domeñadas
por los síndromes del desamor. Pajaritas  ellas de papel ,
qué extraño desvarío hace mi nombre un  sustantivo común
cuando,  con tus dedos,  me dices que amar es deshilar
la urdimbre que tanto cuesta  tejer. Sin embargo,  sabes y desayunas
con la certeza de que todas las palabras, conmigo,
 son el hilo de Ariadna y el Minotauro y el toro blanco
y Creta o Reconcos  o quién tu rey Minos, hijo de Europa, 
en Pola,  donde Tu nombre no es el trueno rumoroso  que rueda/ como sólo una cabeza separada del tronco. Es la realidad que vive  en el fondo de un beso dormido.