lunes, 22 de junio de 2015

 Bien sabido es que vivir es ver volver aunque las formas sean diferentes. Las esencias siguen siendo las mismas siempre aunque en forma de recuerdos cuya importancia está en el alma que se pone en traerlos a nosotros por medios distintos, como la poesía. 

Caminos
                  … caminos de la tarde. A. Machado

En silencio, sin olvido en la memoria, llenos de sombras
acicaladas por el polvo y el recuerdo , las pestañas
bañadas en  rímel de la esperanza, los caminos. Valedores
sin tiempo  ni risa que los engañe, nuestra infancia
los patea  cuando,  de La Renta a Ramoniz, desde siempre,
el guiño del retorno es hálito y aliento contra la decadencia.

Con  juegos y palabras  o con  las travesuras, nos prestan
la nostalgia como herramienta  en el repaso de la orillas
cuando volvemos ,  y nos esperan con los nombres
de siempre en el regazo , piedras marcadas, imborrables
en las cortezas de la imaginación, el árbol de la vida,
los viejos robles, linderos contra la nada, las cunas que son
de aquellas manos ligadas al amor de siempre y la ternura,
la madre y todos los pasos  donde senderos y  atayos
o caminos son corrientes marinas hacia la vida
en el mar proceloso de la duda y la incertidumbre.

Las rutas del pan contra el hambre tienen tu nombre
cual tablas de salvación, en la sextaferia: todos los brazos
comulgan la sangre de tus orillas en la fiesta de la palabra
y el vino contra las intemperancias del frio,
en el invierno:  esquifes  de sudor por el trabajo
y el olor rompen las brisas, cual olas, para
ser la eternidad, en sueños, contra el hambre, hoy,

y mañana, para siempre, cuando vuelvo. Mis caminos.

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