viernes, 24 de septiembre de 2021

               







                                                   " Escribir es vivir con el silencio", dijo Carmen Laforet.

martes, 21 de septiembre de 2021

            LÉXICO

 

Pateando páginas y libros, en ocasiones damos con una frase que nos puede servir para poner  palabras a un sentimiento que bulle en algún rincón de nuestra alma. En esta ocasión,  se juntan para una reflexión, el título de la preciosa novela que se titula "Léxico familiar" de la novelista italiana Natalia Ginzburg, con el final del verano, y por tanto, con el final de la recogida yerba; y ambas me llevan a  Simone Weil quien describe las consecuencias para un pueblo de la pérdida de la fe en sí mismo. Dice la señora WEil que un pueblo así quebrantado necesita de forma imprescindible "echar raíces" que es la necesidad más importante e ignorada del alma humana. Para conseguir ese objetivo tiene que existir una colectividad que conserve vivos ciertos tesoros del pasado que eviten el desarraigo que propicia una colonización feroz con pérdida total de la señas de identidad. Como bien puede observar cualquiera que sienta en su corazón las esencias de Asturias, a más de la sidra, se da cuenta de que apenas hay hablantes en el asturiano de Lena que digan aquello de que "UN MOCECU EN RETRUYES CON UN PELU MATÓ UN GUETU. O dicho con palabras de la novelista, a cuántos asturianos les interesa el mensaje que hay en su frase "SOY AQUELLOS QUE FUERON ANTES DE MI"?. Porque sin prisa y sin pausa, el léxico familiar, que contribuía a crear unidades familiares con una actividad común, a medida que nuestra aldeas se vacían, ese léxico desaparece. Y como en cualquier red en la que se rompe alguno de los hilos que la conforman, la comunidad pierde el sentido de colectividad: es lo que pasa con los trabajos propios de cada estación agrícola cuando no hay quien los enumere. . En nuestro ámbito rural, apenas se oyen ya palabras como segotiar, aburraxar, tender, revolver las eras, amontonar, facer una vigá, cargar un forcadéu, catar y facer y poner  una calzaúra …. Riquísimo vocabulario que como hijo de una raza de pastores, me gustaría que tuviese todos los recursos legales para traspasar la línea del tiempo. Aunque no lo debe tener muy fácil el legislador pues seguro que sabe que en nuestra querida Asturias hay dos lenguas patrimoniales, procedentes del latín, (asturiano y gallego-asturiano) y tres lenguas propias: castellano - que forma parte de nuestro acervo cultural-, asturiano y gallego asturiano. Lo que sí está claro es que ninguna de las tres lenguas propias de Asturias debe utilizarse para expulsar a las otras dos de ámbito cultural asturiano,  como hicieron algunas autonomías con la suya,  con el silencio cómplice y chapucero del Ministerio de Educación y de todos los partidos políticos - los catalanes y vascos les infundían pavor-. .   Y claro, de aquellos polvos de entonces vienen estos lodos de ahora, como siempre. Y lo más interesante, siento una curiosidad sin límites por ver como el Sr. Barbón pasa por esta gatera. 

 LÉXICO

 

Pateando 

jueves, 9 de septiembre de 2021

 

BATACLAN

 

Les  remito poema,  como muestra de solidaridad,  por el dolor y sufrimiento habido en alma y cuerpo de quienes, para la vida,  engarzaban manos y miradas o música y palabras en un nombre propio que es Bataclan.

Escrito en los días de tanto sufrimiento, me pareció más propio, sin embargo,  esperar el reposo para poder mandárselo sin rencor por los asesinos y el duelo por la víctimas. Por todas ellas,   y por el amor y por la paz que fueron y serán, les ruego reciban este texto como homenaje y como memoria de quienes están unidos  a nosotros por el recuerdo. Sepan que sus vidas nunca estarán donde habite el olvido mientras el nombre de Bataclan tenga palabras contra tanta violencia sin sentido. 

Un fraternal abrazo desde Reconcos de Muñón.-  Pola de Lena.- Asturias.- España.

 

Elegía en Bataclan.

                     Para Alberto González Garrido y cientos más.

 

 
 
Todos los colores, al amanecer, eran palabras y silencio
de brisas y cantos de hojas en el bosque de Boulogne: su amanecer.
Los cinco continentes, con sus desiertos y arenas y dátiles
de cielo y luz y hambres de amor eran  Asta Diakite y Felipe con Nohemí
y sus verdugos de metal, hermanos de mi sangre, juguetes de la ira
cuando la lluvia y la noche los hacían juntos y parejos
como tantos, con sus manos entrelazadas en la  vida y los  viajes y sueños
sin cristales rotos en su corazón:  hasta la muerte,  Nick y  Bataclan, con nombre de
brasserie y XI Distrito  de Paris, eran sombras de alegría y tiempo y amor,
los escuderos del cansancio y del mañana sin rencor, la esperanza y sus juveniles servidores
sin la memoria del Hebdo y su crucifixión.
 
Fue entonces la muerte y el hombre y su identidad: la máscara
de la crueldad y sus carnes vírgenes por alimento principal, la picadura
de retina entre los dientes para masticar y un aliño de mariposa, el nombre de Alá para digerir
el   horror. Nos sabemos así y lo queremos;  nos hacemos
de dios y sus profecías con el fuego de la nada, la consunción vacía
de  nombres que son y serán, por ellos,  mayúsculas en mi corazón: Djamila Houd y Michelle
con Guillaume y Mathieu con Thierry y cientos más,
conmigo vais, mi corazón os lleva cuando soplan vientos de otoño 
teñidos de rojo y negro y almas y   angustias blancas por conoceros.