jueves, 28 de noviembre de 2019




Puerta del silencio
.
¿Cómo salir del cielo que es azul como una naranja? ¿Como las nubes,
a lágrima viva para que nunca falte a la noria
el agua como pa
labra? Son hijas de la tormenta con vientos huracanados
sin la cocción de los sentidos, una salmodia derramada.
¿Deambular como un roto corazón? ¿Qué nombre para restañar una herida?
Un silencio de miel podría ser cual bordón donde asir una esperanza
en línea con el horizonte, el alma lisa y sin apellidos.
¡Qué gozo!
¿Y si hago del color un suelo firme donde senderos innumerables
hacen posible un camino lleno de luz y de las horas del día? Tal vez las imágenes
con mis dedos forjan los clavos donde asir los resortes
de la voluntad: la implosión que arranca las astillas del corazón.
Y vuelta a empezar:
¿Cómo salir del cielo que es azul como una naranja? ¿Dejarse caer
como pluma de sangre en las garras del halcón?
¡Nunca!
Contra las sombras, con nuevos objetivos y los pasos contados
para el esfuerzo final, un resorte y un punto firme
como el pábilo, en el desierto, de la antorcha del amor: la saltaera,
la puerta del silencio , contra el viento, para volver a empezar.

domingo, 24 de noviembre de 2019




De tiendas


¿Qué es la vida sin un capricho? Se aproxima la navidad y se dispara el consumo, en  mayor  o menor cuantía, según el puesto que ocupemos en nuestra sociedad, que lo tenemos. Y es en esos días cuando se hace realidad aquello de Herbert Marshall McLuhan quien escribe que "somos lo que vemos", cuyo equivalente navideño sería "somos lo que comemos". Con otras palabras y dado el disparate publicitario que se monta en todos los medios, me pregunto si seremos conscientes de quién nos guía en nuestros gustos y de la función manipuladora que hay detrás de tanto anuncio "inocente".  Es de lo que escribiremos, con perdón. Pues bien, como siempre hay alguien detrás de todo, es obvio recordar que consumo y publicidad son los dos pilares del modelo capitalista anglosajón que exalta la economía del  consumidor o de las grandes diferencias salariales. Y como todo el mundo sabe,  son los promotores de los grandes centros de consumo que nos presentan como paraísos donde se pueden satisfacer las apetencias todas de quien, sin edad ni condición, acuda a sus tiendas centralizadas en una gran superficie.
Llegados a este punto,¿ puedo pedirte, paciente lector, que hagamos una reflexión? Vamos a mirar un poco por lo nuestro. No es ninguna tontería preguntarnos:  ¿Quién paga con sus impuestos los servicios municipales que presta el Ayto. de Lena? La respuesta es fácil: los residentes en Lena. Si tu respuesta es la misma que la mía, estarás conmigo en apoyar a quien propicia, con sus impuestos,  el funcionamiento de la Casa de la Cultura, con su biblioteca o  quien paga las luz de las escuelas o la limpieza de nuestras calles; entonces te hago una petición: apoya con tu compra  esa pequeña tienda de zapatos infantiles o de alimentación o de ropa que tienes en Pola. No alimentes  ese capitalismo feroz que ni sabe dónde vives ni cómo te llamas ni si estas soltero o casado o enamorado. Tampoco le importa mucho. Por el contrario,  en tu tienda de Pola encuentras a una vecina o un vecino que te agradece el detalle, te saludará por la calle y como tú, paga para que todos los lenenses gocen de unos servicios municipales dignos tanto en el ámbito rural como urbano.  Apoya el comercio local en estas fechas y prométeme que, al menos, lo vas a pensar.  Para animarte, te dejo este fragmento de un poema  de Manuel Vilas:
Cajeras del Carrefour, del Sabeco, de Alcampo, cajeras de todas las tiendas que he visitado, llevo vuestras manos en el disco muy duro de mi memoria. Manos grandes, pequeñas, manos tristes, alianzas, adornos, uñas de todas las formas y de todos los colores, venas bajo la piel, manos atadas a una máquina registradora, manos cansadas, uñas rotas. Falanges señaladas para trabajos poco señalados. Manos siempre pulcras, manos a veces de una belleza fulminante. Manos inesperadas.

viernes, 22 de noviembre de 2019



Almas de agua y laurel: AGUA NEGRO.
Ay, María y tu ámbito, negro como un terror infantil; tu alma de cristal, transparente, es fractal por las palabras de la bestia indómita, tu hijo, que te hace dueña de tanto dolor como atesora un maternal regazo; inasequible, además, a las heridas y sin cauterizar, la esperanza, María, era un futuro de luz cuando un sorbin de lágrimas buscaba el amor que rompía tu corazón.
¡Lo pensabas tú!
Y como siempre, sin embargo, te niegan la identidad y la ternura. Hacen contigo
el mandil arrugado por la miseria y el hambre, una harapo, la bayeta en su albañal.
Sólo aguardan, acechan y recechan. No te dejan vivir. Te ratean el aire y ni siquiera
los ojos hacen de ti una propiedad: hasta las imágenes se ríen de tu ingenuidad.
Nada te pertenece. Su violencia te sisea hasta las migas del pan, y en tu casa,
arrumbada, por fuera, te hacen ese perro de la calle, abandonado, perdido, flaco y sucio,
con el hocico gastado de rebuscar en las basuras y el lomo herido de dormir al
descubierto … en palabras de David Trueba que te regalo como prueba
del recuerdo de lo que ellos fueron por siempre y tu conmigo, hoy.

viernes, 15 de noviembre de 2019










¡A  cántaros! Hoy llueve a cántaros
 las palabras de un poema; y  sus  versos calan
con  ternura  los confines del silencio:
mi alma o la tierra, como esta lluvia
de tormenta, a cántaros, espera, hacia la vida
días de sol con apacibles ensueños
de amor, como  una esperanza.

Agua de lluvia, invernal, un  noviembre
con hambre de nieve y  de vientos sin
corazón.  Agua de lluvia con profusión
de invierno, regalo de los cielos, mis recuerdos
anclados  en los mil nombres que se trenzan
como los ríos que van a dar
a la mar, que es el vivir; mi recuerdos, a dieciséis,
me llegan como esta lluvia, a cántaros.
Y como la lluvia, hacen fértiles mis días,
escasos de luz y de horizonte, como asideras
donde colgar las sombras que escamotean
las dudas de la sequía otoñal.
!Ay, amor! Esta larga sequía otoñal! 

lunes, 4 de noviembre de 2019










OPÚSCULO

- ¿En qué pagina del vivir se cierra el opúsculo del saber?

-  No me lo digas.

- No será con tu nombre de caracol encendido que gustas
de vestir con gotas de azul y miel;  sabes que
nunca será mío por las derrotas acompasadas
de las sonrisas que te sufrí, con mis palabras de sal.

- ¿Dónde, entonces, buscar,  sin palabras,  para huir?

- Como todas las primaveras, si quieren reverdecer,
 o los veranos, fustigadores de almas
embarazadas de amor, el refugio será un invierno
sin límites de tiempo ni recuerdos, de metal:
el silencio y las ventiscas o las borrascas y les
xarazaes , como un corazón,  también
 hacen hojas, flores, sabores y colores
o lágrimas que nos retornan al otoño y vuelta a empezar:


- Ya lo ves tú, mi pequeña, se hace camino al andar.

sábado, 2 de noviembre de 2019





Mis topónimos


 En el tiempo y los parajes donde habito, en Reconcos, ajeno al compás y al cartabón, los jardines, manchas disformes y dedos sin  flores para  el amor del tacto, escucho las mil palabras en las bocas que fueron vértices de la memoria, contra el olvido. Eran todas  pasión o
impotencia, estación de viacrucis con sus cirineos o peldaños de vida contra la muerte y su improvisada sonrisa para ser la presencia infinita. En este ínfimo espacio, las bocas que fueron en tiempos son la mía cuando hago con su nombre por herencia y la sangre que los conmina a ser recuerdo, esquinas de la vida. Fitónimos hijos del agua o hidrónimos, que riegan tantos epónimos, son alma y resumen de codicias hasta nuestros días que se repiten como victoria contra el tiempo: Ramoniz y Les Meloneres,  cual curva de Litordo ¿en qué boca fue su primer balbuceo? Como la mía y mañana, un paisaje y los colores del orpín, un corazón hecho alfombra en las nubes de papel, anónimo y para siempre, como ahora.   



Almas  de agua y laurel: AGUA NEGRO.

Ay,  María y tu ámbito, negro como un  terror infantil;  tu alma de cristal, transparente, es fractal por  las  palabras de la bestia indómita, tu hijo, que te hace dueña  de tanto dolor como atesora un maternal regazo; inasequible, además,   a las heridas y  sin cauterizar,  la esperanza, María,  era un  futuro de  luz cuando un sorbin de lágrimas buscaba  el amor que rompía  tu  corazón.

¡Lo pensabas tú!
  
Y como  siempre, sin embargo,   te niegan la identidad y la ternura. Hacen contigo
el  mandil  arrugado por la miseria y el hambre, una harapo, la bayeta en su albañal.
Sólo aguardan, acechan y recechan. No te dejan vivir. Te ratean el aire y ni siquiera
los ojos hacen de ti una propiedad: hasta las imágenes se ríen de tu ingenuidad.

Nada te pertenece. Su  violencia te sisea hasta las migas del pan, y  en tu casa,
arrumbada, por fuera, te hacen  ese perro  de la calle, abandonado, perdido, flaco y sucio,
con el hocico gastado de rebuscar en las basuras y el lomo herido de dormir  al
descubierto …[1]en palabras de David Trueba  que  te regalo como prueba
del recuerdo de lo que ellos fueron por siempre y tu conmigo, hoy.


[1] Tierra de campo.- David Trueba, pag. 203