sábado, 17 de octubre de 2020

 

Caracteres

 

 Un alma sin palabras

es la soledad.

 

Y sin amor,

es el vacío, eco siempre  la nada.

 

Por lo mismo,

cuando falta el deseo,

nunca hay esperanza:

 

la belleza es la luz

muy ajena al tacto y al silbido

de la flecha que va directa al corazón.

jueves, 8 de octubre de 2020

 

 

Querencias

 

¡Son los que quedan!¡ Lo que resta del naufragio!

Para hablar de mis  años  tengo

álamos habitados,

 aquellos de mi infancia de  inciertas de palabras,

incógnita!

 

Hicieron lo que yo con los días: hacer prisionera

la luz, amasarla en el alma y dejar que

las brisas acompasen el fuego

de las mil estaciones

que son las palabras hasta el día y la fecha..

 

Sirva de ejemplo:¿ Cuánto,  del amor, ¡ay!

se queda, de todo aquello que fue?

En el horizonte

de un mar bravío las olas

se hacen silencio

cuando buscas la sombra de su compañía:

ni las formas con su figura permanecen.

Desdibujadas,

abren  puertas  a otras puertas 

que son memoria de recuerdos

desvaídos: "mis álamos habitados.

aquellos de mi infancia de inciertas palabras, incógnita": como todo.

lunes, 5 de octubre de 2020

Carrapiellos

 

Allí  cantabanlu todos,

Incluidos los pequenos

Cuando de escuela venían

Saltando por los senderos.

 

Recibieronlu de boca,

De boca de los abuelos

Que lo supieron de siempre

De  boca de sus ancestros.

 

El casu ye que la historia

Pasaba de los veneros

A les fuentes  que nel pueblu

Alivian a los sedientos,

A los que tienen memoria

Y sentaos nos tayuelos,

Calecen al pie del llar

Al mor siempre del fuego.

 

Allí taba la güelina

Con la historia pa los nietos

Mientras quel güilu  dejaba

Al garabetu bien puestos

Los dientes que le faltaban,

Rotos en aquellos cuestos.

 

Y mientras la güela yos daba

Farines paquella cena,

Cantaba llena de pena

Con sones de la alcazaba:

 

Ella yera una cristiana

De los montes de Muñón,

Pariente de aquellos condes

Del castillo de Gozón.

Tenía, pues, buen linaje

Y mejor el corazón.

Yera el caprichu del padre

Yera pa él una flor.

Y yera  la voz que tenía

El canto del ruiseñor.

 

La desgracia vino sola

Por el río del Pontón

Con los barcos que llegaron

De aquel  moro, el muy traidor, 

Que buscaba les manzanes

Pa les tartes del señor.

 

Cuando   llegó, sigilusu,

Al rabión Santumaero

Que nun dejaba pasar

Ni les truches más cimero,

Pensó que perdía el día

Sin botín como pretexto.

 

Cuando taba cavilando

Y casi desengañéu,

Vio cruzar medio asustéu

Una sombra  caminando.

 

Mandó a los sus soldados

Traela  ya, de inmediato,

Pa llevala, como fuera,

De prueba pal califato:

Sabía de los caprichos

Del Alaken, el hijastro,

Por las mujeres del norte,

Las de Muñón, sin recato.

 

Y como taba en la esquina

Un primu de la doncella,

Garraronlu pa con ella

Pa nun sentise solina.

 

Un nietucu saltarín

Con les farines na boca,

Preguntay a la so güela

Por el nombre de la moza.

- Llamabase, la prubina,

En cristiano y por ahora

¡ay! Sonia la de Gozón,

Princesa de muncha monta:

Con  ojos de caramelo

Y los manos de cristal

Y con la risa en los dientes,

Yera digna de mirar.

El primu que foi con ella

En el barco,por la mar,

Yera tambien  agraciéu

Como el frisnu del Cordal.

Y llamabase Josín,

De talla más que normal.

 

Ya en  tierra de sarracenos,

Con el calor del verano,

Según dice la leyenda,

Entraron en el palacio

Con la tristeza en los ojos

Y con la suerte en los manos:

Con el correr de los días

 Que van faciendo  los años,

 decíase  nes leyendes

que trajeron los soldaos

que allí dejáronlos ser,

por méritos  persobraos,

 los príncipes del amor,

modelo de enamorados:

 

Pasaron penalidades

Y supieron ser esclavos

Como los fuertes y  bravos

Que vencen dificultades.

 

Supieron en el  palacio

Navegar les torrenteres

Con el genio de asturianos

Y superando les penes.

 Foi él quien salvó al califa

En la oración del los jueves

Del acero de un traidor

Vendíu a los nuestros reyes.

Desde entonces fue la sombra

Tan segura como siempre,

Que tenía que cruzar

El camino de la muerte

Pa llegar al corazón

Del príncipe berebere.

Llegó a ser el  capitán

De la guardia de los siete

Que pagaban con  la vida

Si por desgracia ocurriese

Lo que munchos deseaban

Por les envides internes:

Quitar al padre del medio

Pa  poner al hijo imberbe.

 

Lo único que pedía,

Pa compensar  el peligro,

Era tener en sus ojos

La sombra, como testigo,

Del  amor,  un clavo ardiente,

De la paz el enemigo:

Soni tenía de nombre

Y ella era el motivo

¡Ay ¡de tantas osadías

Como pedía el destino.

 

Y cuenta la tradición

Que Josín y Sonia fueron,

En Córdoba la lejana,

Las torres de muchos vientos

Para un amor sin palabras

En los estribos del tiempo,

Tan breve como un suspiro

Tan suave como un recuerdo

Tan fuerte como el abrazo

Que para morir se dieron.

 

Están en la tumba xuntos

Por siempre ambos parejos.

 

Fue entonces cuando la güela,

Casi llorando, tapaba

El cuerpin del so nietucu

Que ya en la fueya soñaba

Que los barquinos de oro

Tenían remos de plata.