miércoles, 7 de marzo de 2018



CARACOLIN
                      El amor no puede crecer sin pasión.
                                                Oráculo de Temis.
Lo dijo el Amor cuando pasaba. Cupido.
Rumbo al deseo, con sigilo, y vacía de palabras
su aljaba, al sesgo del susurro, y en el aire
suspendido, dos chispas le saltan del
fuego de un corazón. Cauto, por la sorpresa,
descubre la imagen de un caracol.

La humedad del eros, un ambiente de lluvia
que es la ternura, el ascua por su intimidad,
la lenta y dulce carrera en el tronco de una
pasión, son vida para su intención: remite
a la mano hacedora del mármol para
comprender la forma de los amantes:
Indisoluble unidad, ni el respiro de una palabra
rompe el paso de los amantes: caricia
y coraza  son hechuras de su alma;
la arenisca de la duda ni  les roza: queda
cual recuerdo sin firma, al lado del olvido.
Son el tacto y la visual de la confianza,
el rito de la paciencia, la calma: su vida.

Y si polvo y ceniza, más allá de la muerte,
serán sus nombres, polvo enamorado.

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