domingo, 11 de septiembre de 2016

 SIN APELLIDOS: La poesía tiene una sola realidad: el sufrimiento

Un paisaje, el Aramo, en sus ojos y en su palabra. Todo ignorancia el ambiente que lo rodeaba, su espíritu nunca se dio por vencido y menos por derrotado. En su alma habitaban todos los seres vivos  que poblaban el paraje de Les Pumares, el mayéu Espines o el puerto del Aramo, con sus inescrutables misterios tras la lluvia o la niebla o las ventiscas de nieve que desfiguran el paisaje. 


MANOLíN DE CILIA

¡Manolin de Cilia! Filín de vida en los silencios
de trochas y caminos de siempre, con hambre
de colores y criaturas con la muerte en su libertad.
¡Ay,  Manolín! Sabiduría y alma de roca, piedra
de agua y manantial sereno: cuánto de memoria
en tus recuerdos  libres de pasado  y con poso
encendido  en la palabra.  Todos los sentidos
moldean  tu madurez y dan forma al alma
de una idea: tu artesanía. Con manos de aire
y de niebla, abres el misterio de la madera 
a la imagen,  virgen  en las vetas del corazón:
son nombres escritos en las cortezas de tus
amigos, arboles del fayotal: mujer entregada
a la savia de tus dedos, la que reconcome tus
raíces de hombre en el tiempo de siempre
para las bocas que te demandan  asideras contra
el hambre y su destino: trezos y collares con la trampa
y  la maña para la fuerza animal. Y la medida
del  gabito, punzón estilizado  para  el miedo
en el frío invernal por la pecha en el vacío.
Todo, Manolin, te fluía de los  ojos al  corazón.
¿ Y dónde todo con tu ausencia y mis recuerdos?

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