lunes, 25 de diciembre de 2017

La nieve como endecasílabo de la vida: En este instante, breve   y duro instante ....



 JÁCOME


Nunca será lo mismo  un Fernández  que apellidarse Jácome; y la diferencia  se acentúa si  se   presenta un libro en la Casa de Cultura de Pola  que se titule Pequeñas notas para una canción de invierno;  poético donde los haya, este título anticipa la  capacidad creadora del autor,  como fotógrafo,  por la sensibilidad que encontramos tanto en los temas inesperados que calcifica con su cámara como  en la selección de los mismos. Y  cual homérico Héctor de tremolante casco, por el moño que corona su testa, hace  creíble para  sus fotos lo que dice Charles Simmons sobre el amor en su novela Agua salada: el amor es mágico porque crea algo de la nada. Por eso me entenderá si le escribo que las fotografías buenas no son reales, son estampas sobre lo que uno piensa o siente   sobre lo real; como si  el arte fuese un refugio de la realidad de quien  usa la mirada como recurso principal para ser una sombra del tiempo, ocre como el otoño.  Por eso,  nos atrevemos a decir que la idea que recorre el libro como hilo de Ariadna,  es la fugacidad. La misma que da vida a la nieve que   le sirve a Héctor para dejar constancia  de su formación académica con la línea y la exactitud  por  argumento principal. Aunque claramente se deja entrever,  como alma atormentada,  que un día dirá, como  decimos todos: Ya somos todo aquello // contra lo que luchamos a los veinte años. Para ser dueño de los versos del poeta mejicano Pacheco, sabrás que será  un proceso arduo y difícil que te pone en el camino de hacer poesía con la luz, el color  y el sufrimiento como temas  únicos, con variaciones. Sabiendo, también, que  esos sustantivos remozarán el objetivo de tu cámara,  y harán de ti un maestro que sabe dónde está el Utriru y eleva su fotografía a la categoría del blanco y negro, sublimes, igual que el gorrión al que hiciste prisionero  un día sin fecha que había nieve y frío en la Pola de siempre, con sus miradas perdidas y sin futuro. Y  que nunca más  bajará  a las soledades del jardín y de pronto lo espanta una  mirada. Y alza el vuelo sin fin, alza su libertad amenazada para darte  una idea desde  el alambre  donde penden tantas cosas de nuestras vidas. Como tu gorrión. 

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