martes, 16 de agosto de 2016

¿Qué fue la transición en este país, España, si no una histérica liberación sexual como remedio al analfabetismo tan arraigado y profundo de nuestra sociedad? Con tus señas de identidad y las secuelas correspondientes en el alma, eres el retrato perfecto para el viaje a ninguna parte.





Analfabeta

Analfabeta  del amor, de los nombres de tu cuerpo
ya nadie  recuerda ni  se acuerda. Y opacos
tus sentidos, no son espejo ni figura.
De ninguno  queda huella ni rastro del montón
de palabras que me costó entrar en la pirámide
de tu corazón: roca de papel sin reciclar,
fue aquello un viaje sin tinta, paisaje
sin figuras con manos de metal para su escritura.

Todo lo más, bendita, si algo en la memoria,
la muesca del recuerdo con tu nombre
en la culata de una sonrisa, cual revolver
arrumbado en el desván de la memoria.
Herrumbroso y desvencijado, en falta
la identidad de unos dedos, serás nada
de nunca y menos del mañana. Y si no
lo sabes,  cielín, das pena: más vale que cambies
cada esquina de tu cuerpo por un kilo de ternura.

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